Con un nudo en el estómago

Hay libros que se leen en estado de shock, envueltos en una capa negra por su contenido, llenos de acciones sucedidas muchas veces en la vida real y que hacen olvidar el “nihil humani a me alienum puto”. Definitivamente, sí hay cosas que me son ajenas de lo humano. Son los horrores que Paul Preston relata en “El holocausto español” y que están teniendo un éxito tan importante que los distribuidores se las ven y se las desean para hacer llegar a tiempo los libros a las librerías.

La investigación sobre la Guerra Civil ha sufrido durísimos reveses en los últimos años. Las corrientes revisionistas, representadas en los medios ultraderechistas por Pío Moa y en los medios académicos por alguien mucho más solvente como Stanley Payne, han impedido que se imponga un consenso necesario y han provocado que, setenta y cinco años después, no haya un acuerdo general en este país para condenar el alzamiento militar de unos espadones vesánicos contra un gobierno probablemente desastroso pero legitimado por las urnas.

Paul Preston ha sido acusado por estos revisionistas de marxismo, en la línea de Tuñón de Lara. No será sitio este para juzgar lo que significa ser marxista en el siglo XXI pero sí para constatar que, llevado por ideas que sus adversarios identifican con la izquierda, Preston es un investigador mucho más serio que aquellos que ponen en cuestión sus escritos. El historiador británico, autor de la historia de la Guerra Civil más solvente hasta la aparición de la de Anthony Beevor, juzga a través del testimonio y el dato, usa innúmeras fuentes y respalda los (escasos) juicios de valor con un argumentario solvente que hace que no pueda ser tildado de mero opinador.

“El Holocausto español” repasa las historias de cientos de víctimas del conflicto fratricida español. Víctimas de la derecha y la izquierda. Y lo hace sin soslayar debates fundamentales en la historiografía sobre el conflicto. Moralmente es necesario buscar un culpable para todo lo sucedido. Preston desmonta con cifras la teoría de que la Guerra Civil comenzó con la revolución de Asturias de 1934 y demuestra que si alguien actuó en esa revuelta guiado por el odio fue el gobierno de la CEDA que provocó una represión (ahora la llamaríamos terrorismo de estado y le echaríamos la culpa a El-Assad o Gadafi por llevarla a cabo) que llevó a que las vidas de 232 miembros de los Cuerpos de Seguridad fueran pagadas con casi 2.000 bajas civiles. También recuerda que esta teoría que ignora el alzamiento del 18 de julio no fue inventada por estos historiadores sino por el mismo Franco a la hora de promulgar la Ley de Responsabilidades Civiles del 13 de febrero de 1939.

Hay páginas para Lugo y su provincia y Preston ha tenido en cuenta entre sus fuentes secundarias a investigadores de nuestra ciudad. La historia de la feminista Juana Capdevielle y su marido, Francisco Pérez Carballo, está extraída de las magníficas investigaciones de Carme Blanco. Menos atención recibe la obra de María Jesús Souto Blanco sobre la represión en nuestra provincia, quizás porque Preston difiere de las cifras que ofrece la citada profesora. En todo caso, los 418 asesinatos que documenta sirven para avalar el rastro de horror que la represión franquista dejó en una ciudad que, por entonces, no era el colmo del progresismo (había ganado el partido centrista de Portela Valladares).

Paracuellos y Ramiro de Maeztu, Alcalá de Henares y el Obispo Basulto (que da nombre a la céntrica calle), Heli Rolando Tella (otra calle… y la memoria histórica al bies) y su Columna de la Muerte extremeña, los partes de guerra de Queipo de Llano, la historia que cierra el libro y que cuenta la historia del conde de Alba de Yeltes, cuya nuera se libró de una masacre porque Marianela, la actual condesa, se casaba en Lugo… Historias que provocan un malestar general. Como el aceite de ricino que se hacía beber a los prisioneros. Triste España cainita que aún no ha superado sus miedos ancestrales.

3 Comentarios en “Con un nudo en el estómago”

  1. titolivio Comentó:

    Me ha gustado. ¿O quizás demasiado “solvente”? Ha conseguido que me apetezca leer el libro, y supongo que ese debería ser el principal objetivo de su columna.

  2. Magola Comentó:

    Sí, habrá que leer el libro.Gracias por la reseña; a mi en concreto, además del contenido y análisis general, me gustaría saber, si menciona el fusilamiento de un médico de Lugo apellidado Vega.

  3. admin Comentó:

    No, el caso del doctor Rafael de Vega no es mencionado en el libro. Para más información sobre este caso y la represión en la provincia la remito al libro de María Xesús Souto Blanco sobre la represión en la provincia de Lugo.

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