Diez de romanos

Con motivo de la celebración del Arde Lucus, fiesta que cada año moviliza más y más a todos los estamentos de la cultura y la sociedad lucense, esta columna de crítica literaria de novedades editoriales se transformará por un día en crítica y recomendación de obras sobre Roma y su mundo. “¿Y los castrexos?” Se preguntarán los lectores más conspicuos. En fin… los castrexos aún están a la busca de su hueco en la literatura universal.
10) “Asterix en Córcega”. O cualquiera de los cómics de Goscinny y Uderzo. Cómo olvidar en una lista de libros sobre Roma a los galos que más nos enseñan sobre el Imperio. La historia corsa contiene a mayores una muestra de la idiosincrasia de un pueblo que, no sé por qué, me recuerda al gallego. Somos susceptibles.
9) “Quo vadis?”. Obra del escritor polaco y Premio Nobel Henryk Sienkiewicz, el “peplum” basado en esta novela y protagonizado por Deborah Kerr y Peter Ustinov (de Robert Taylor mejor no decir nada) la popularizó entre el público adulto, cuando es una novela más bien dirigida a jóvenes. Sienkiewicz es un maestro en la imitación de Scott.
8) “Emperador y Galileo”. La vida de Juliano el Apóstata es de lo más interesante de la historia romana posterior a la conocida época de esplendor imperial. Henrik Ibsen la retrata en una obra teatral llena de matices y con un fuerte contenido ideológico vinculado con la revolución social decimonónica.
7) “La muerte de Virgilio”. Uno de los grandes hitos de la narrativa contemporánea. Hermann Broch, austriaco de la quinta de Zweig y Musil, mantiene un pulso con el monólogo interior y la corriente de conciencia de un gran escritor en sus últimas horas. Advertencia: se requiere paciencia.
6) “Historia de Roma”. Theodor Mommsen escribió esta obra monumental hace un siglo y todavía sigue teniendo cierto valor y, sobre todo, la calidad de lo que está bien escrito. Una referencia para las épocas más desconocidas del Imperio Romano, las más próximas a la legendaria batalla de Alia (circa 400 a.C)
5) “Dios ha nacido en el exilio”. ¿Por qué el escritor más popular de Roma, Ovidio, fue mandado al exilio en la actual Rumanía, rodeado de salvajes? Enigma irresoluble. Vintila Horia no intenta resolverlo y se limita a retratar la soledad del genio. Compleméntese con la lectura de las infravaloradas “Tristia” del mismo Ovidio.
4) “Los idus de marzo”. Apuesto a que la mayor parte de mis amables lectores no saben cuál es la circunstancia concreta que originó la frase de que “La mujer de César no solo debe ser honrada sino parecerlo”. Descúbranlo en esta novela de Thornton Wilder, un autor teatral americano que descubrió que era un maestro de la novela epistolar y se aplicó a ella en el género histórico.
3) “Yo, Claudio”. Robert Graves, al margen de un buen poeta de la generación de la Primera Guerra Mundial, era un tipo inteligente. Para construir su novela se nutrió del “cotilla” Suetonio y enriqueció la obra con el grado justo de conspiración malvada y paranoica (inolvidable Livia) y con un “puer senex” como Claudio que ejerce de narrador de toda esta historia, culebrón imperial. Complétese con el visionado de la serie homónima de la BBC, con un Derek Jacobi absolutamente excelso.
2) “Decadencia y caída del Imperio Romano”. Edward Gibbon, un intelectual británico del siglo de las Luces, construyó un monumento literario a base de admiración por las ruinas romanas y una montaña de documentación. Estilo entretenido, abarca once siglos en cuatro tomos. Hay versión abreviada, no se preocupen.
1) “Memorias de Adriano”. De acuerdo que su popularización en España dependió más de Felipe González que de otros factores. Pero aún así merece la pena seguir a esa “Animula, vagula, blandula” y sus avatares vitales, con el amor por Antínoo y el deber del Imperio. La forma epistolar y el buceo en la conciencia del Emperador no impiden que la obra, al contrario de la de Broch anteriormente comentada, sea muy entretenida. Como todo lo de Marguerite Yourcenar, imprescindible.

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