Extranjera en su patria

De un tiempo a esta parte la editorial Alfaguara ha tenido una feliz idea: en medio de un catálogo de novedades y autores más o menos recientes ha decidido hacer un hueco para los mejores cuentistas del siglo XX. Y no un hueco cualquiera: nos encontramos en la colección con los productos completos de Nabokov, Faulkner u Onetti. Una de las últimas cuentistas en incorporarse a tan selecto museo de narradores es Isak Dinesen, en un tomo que roza las mil páginas de apretada letra.

Habrán notado una pequeña disfunción en el párrafo anterior (no me atrevo a llamarlo falta de ortografía siendo como es consciente). He hablado de “una” y a renglón seguido he dado un nombre de varón. Es el momento de explicar a aquellos que no lo sepan que Isak Dinesen es el pseudónimo de Karen Blixen, baronesa nacida en Dinamarca. Un nombre de pluma que uno de los jalones de esa condición de extranjera a la que hemos hecho referencia en nuestro rosaliano título. A Karen Blixen ni los editores ingleses ni los daneses tuvieron a bien publicarle ni uno solo de sus magníficos relatos. Tuvo que enviarlos a los Estados Unidos, esa nueva tierra de promisión, con nombre masculino, para que obtuvieran la justa fama.

No era la primera vez que la baronesa Blixen sentía lo que era sentirse lejos de su lugar de origen y expatriada. Su historia es muy conocida gracias a la película “Memorias de África” pero estoy convencido de que esta película, triunfadora en los Oscar de 1985, ha envejecido de manera prematura y no hará más que ir perdiendo seguidores con el paso de los años. Casada con un primo, se estableció en Kenia a principios del siglo XX para llevar una plantación de café. Allí conoció a Denys Finch-Hatton, aventurero muy bien interpretado por el galán Redford, su amor verdadero. La aventura acabó en 1931 con el abandono de la granja por la bajada de los precios del café y las malas cosechas. De regreso a Dinamarca se consolidó su vocación literaria.

El último elemento de alienación de esta escritora es el idiomático. A pesar de ser danesa y estar muy apegada a las tierras de Elsinor su lengua de expresión es el inglés, por lo que forma parte de esos casos límite siempre interesantes para el investigador en Literatura Comparada.

De estos “Cuentos Reunidos” les recomendaré con especial fruición dos recopilaciones de título mentiroso. La primera son los “Siete cuentos góticos”. Lo gótico en literatura ha quedado asociado desde Walpole y su “Castillo de Otranto” al misterio, lo fantasmagórico, lo siniestro y hasta lo sangriento. Los cuentos de Dinesen no son ninguna de estas cosas. Su goticismo es como el de una catedral francesa (pongamos la de Notre Dame de París, quizás la más famosa), con sus complejidades y enormidades. Los cuentos son largos, algunos tanto que podrían ser considerados novelitas, e intrincados. Sabemos dónde empiezan, resulta difícil adivinar donde acaban. Algunos, especialmente, “La inundación de Norderney” son piezas maestras.

La segunda colección que les recomiendo son los “Cuentos de invierno”. Cuando fueron publicados, Dinesen ya era una escritora conocida gracias al éxito de su anterior colección y, sobre todo, de “Far from Africa”, el relato de sus aventuras keniatas. Por suerte la escritora danesa no abusó del esquema gótico y buscó relatos más concentrados en los que resplandece su genio. Especial habilidad muestra en el análisis de los sentimientos de los adolescentes y las parejas recién constituidas. Los escenarios se diversifican y de nuevo el título nos da pistas falsas: no hay demasiados inviernos para los protagonistas. De hecho en mi opinión el relato más conmovedor es “El acre del dolor”, con resonancias míticas en la lucha de una madre por salvar a su hijo en medio de la cosecha estival de cereal. Es una mujer entregada y pasional: Karen Blixen también lo era. Y además tenía el genio de los mejores cuentistas, de Chaucer a Cortázar. Compruébenlo ustedes mismos.

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