Admiración

En estos días he tenido que responder a algún amable lector acerca de mis escritos y cierta ausencia en ellos de lo que más estrictamente se puede denominar “crítica”. Es decir, hay lectores a los que les gustaría que diese más caña, que fuese más polémico. Respeto sus opiniones (cómo no), pero por el bien de mi salud mental entenderán que, entre los cientos de libros que se publican semanalmente en España, escoja para comentar aquellos que tienen una calidad indiscutible fundada en el paso de los años (siglos en ocasiones) o en el prestigio intelectual y literario de sus autores. Ahora bien, siempre puede caer alguna crítica de Javier Marías y los que buscan carnaza tendrán una poca. Se lo prometo.

Aunque no es habitual que uno odie libros y autores, tampoco es muy frecuente que uno se rinda a una admiración sin límites dedicada a alguien. Y esto es todavía menos frecuente si ese alguien se sitúa en las antípodas ideológicas de uno. La persona a la que más admiro intelectualmente hablando ha visto como hace muy poco se editaba en español su último libro, “Lo que yo creo”. Es el profesor Hans Küng y puedo afirmar sin rubor que, pese a haber renegado hace años del catolicismo, no hay día que pase que no coja o desee coger uno de sus libros y leer unas cuantas páginas, al azar, sobre los más diversos temas.

Küng es el teólogo más importante vivo (Ratzinger incluido), el más influyente, el que mejor divulga la religión basada en el magisterio de Jesús de Nazaret y también el más abierto a discutir sobre religión y humanidades en general con cualquiera que esté en desacuerdo con él, bien a través de sus libros, bien a través de un torrente de conferencias que le han llevado a dar varias vueltas al mundo. En Galicia lo pudimos comprobar en 1995, cuando Darío Villanueva se encargó de traerlo a la USC. Por aquel entonces su proyecto de una Ética Mundial estaba en pañales, ahora se impone en el seno de la ONU post-Bush gracias a la superación del “choque de civilizaciones” tal y como lo entiende Samuel Huntington.

El teólogo suizo es además un literato de primera, reconocido por asociaciones de escritores como el PEN Club, lo que le permite, a su edad, reescribirse sin que el resultado sea un pestiño horroroso incapaz de ser vendido como libro a alguien que tenga dos dedos de frente. Así, este “Lo que yo creo” recoge temas de otras obras como “Ser cristiano”, “¿Existe Dios?” o “El cristianismo”. Pero los trata desde una perspectiva más cercana a la divulgación, basada en las preguntas más habituales que Küng ha tenido que responder durante todos estos años. ¿Por qué Dios no interviene en las catástrofes? ¿Cuál es el sentido de la vida y cómo responder a ese sentido desde una perspectiva cristiana? ¿Cómo se puede sostener cierta alegría vital?

No se evitan los temas más espinosos. Reconoce Küng (y por reconocimientos como este le fue retirada la licencia para enseñar en 1979) que ver a Jesús orando en el Vaticano o en la Casa Blanca con Bush sería inimaginable, una escena digna del Gran Inquisidor de Dostoyevski. También hace votos por el ecumenismo, el disfrute de una sexualidad sana e incluso los testamentos vitales y la eutanasia. Pero al mismo tiempo combate al nihilismo que se deriva del ateísmo, a veces de manera un poco extemporánea como cuando coloca contraejemplos extremos para desacreditar el científico y excelente “El espejismo de Dios” del científico Richard Dawkins. Su argumentación solo aparece contaminada por la fe más extrema a la hora de la tratar la relación de la religión con los milagros, cuando reconoce la validez de las curaciones carismáticas de Jesús. Un desliz lo tiene hasta el mejor escribano. Y Küng es un escribano de primera. Tanto que desde aquí se le puede declarar una rendida admiración y se puede animar a todo aquel que tenga espíritu humanista a leer sus obras y disfrutarlas.

2 Comentarios en “Admiración”

  1. Allen12 Comentó:

    Querido Javier: Comparto tu admiración por Küng, y los libros que he leido de él no me han defraudado. Tanto “¿Vida eterna?” como “Ser Cristiano”, me parece que abordan con contundencia y sin miedos todos los aspectos sobre los que tratan. En “¿Vida eterna?”, si mi memoria no me engaña, llegaba a decir que los fallecidos no es que siguieran viviendo para siempre, ni que viviesen con Dios, sino que vivían en Dios, lo que a mí me sigue sonando decididamente animista, aunque sé que no es intención del autor.

    Y en “Ser Cristiano”, me pareció que abría la puerta a una interpretación de los milagros muy poco ecuménica, más centrada en el impacto mediático que pudieron tener esos hechos en su día, que en su estricta veracidad o literalidad.

    Estoy ahora con ¿Existe Dios?. Cuando lo termine, me pondré con el que comentas.
    Saludos

  2. admin Comentó:

    Te recomiendo su mega-obra sobre el cristianismo: El cristianismo. Esencia e historia. Una auténtica genialidad. ¿Existe Dios? es el mejor libro sobre ateísmo que conozco. Un abrazo

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