33 wins. Una perspectiva histórica

Me van a permitir que cambie de idioma por un día y que deje los libros para hablar de mi otra pasión, el baloncesto, desde un punto de vista histórico. El domingo volveremos a la literatura y les prometo que esto no se repetirá salvo en momentos estrictamente necesarios.

Los Miami Heat luchan en este momento por igualar la racha de victorias más asombrosa de la historia del deporte mundial de alto nivel. Superarían así al equipo de Los Angeles Lakers que consiguió 33 victorias consecutivas en la temporada 71-72. El récord parecía todavía más estable que las 72 victorias en temporada regular obtenido por los Chicago Bulls.

Este post del blog nace para argumentar mi visión sobre estas rachas y para hacer algo de historia. El instigador es Iker Sagasti, colega de una tarde en Donosti devenido en amigo cibernético gracias a la pasión por el baloncesto.

En primer lugar, contextualicemos ambas rachas.

LOS ANGELES, 1971

Elgin Baylor tiene problemas de rodilla y decide retirarse en el noveno partido de la temporada. Promedia 11 puntos y 6 rebotes, pero no está al nivel de su leyenda. En el décimo, comienza la racha victoriosa. En cualquier caso, los Lakers tienen un núcleo veterano, con talento y experiencia, con Jerry West, Gail Goodrich y Wilt Chamberlain como estrellas y Jim McMillian, Happy Hairston o Pat Riley como secundarios de lujo. Chamberlain ha entendido que sus opciones de sumar el anillo pasan por asumir menos lanzamientos a canasta. En el banquillo, Bill Sharman revoluciona la manera de entrenar: sesiones de tiro, entrenamientos específicos, tácticas subordinadas a planificaciones estratégicas, control psicológico de Wilt…

Y los rivales… ¿qué sucedía con los rivales? Estamos en la época más convulsa de la historia de la NBA a nivel societario. La ABA, creada cuatro años antes, reúne a once equipos y recluta a jugadores como Artis Gilmore (MVP y Rookie del año), Dan Issel, Julius Erving, George McGinnis y, sobre todo en estos inicios de los 70, Rick Barry. La NBA, un año antes, se había expandido con la inclusión de Portland Trail Blazers, Buffalo Braves y Cleveland Cavaliers, con la correspondiente dispersión de talento. Con los tiránicos Celtics en plena transición, rozando el 50% y esperando al crecimiento del novato Dave Cowens y el sophomore Jo Jo White, Kareem Abdul-Jabbar ejerce de “alpha dog” en la Liga en 1971. El estatus se mantiene al año siguiente, con unos Celtics ya recuperados y en 56 victorias. Su ascenso coincide con el descenso de unos Knicks lastrados por la lesión de Willis Reed, que solo juega 11 partidos.

El resultado: la mayor racha de victorias en el deporte profesional estadounidense a día de hoy. Los Lakers comienzan a ganar contra los Baltimore Bullets el día 5 de noviembre. El día 7 de noviembre ganan con dificultades a los Knicks en el primer partido sin Reed. El 21 de noviembre, en el partido 11, sobreviven a Kareem (39 puntos) y sus Bucks, a los que igualan con 17-3 en la cabeza de la NBA. Los Rockets, con Elvin Hayes, son oponentes duros en dos ocasiones: en el partido 18 los angelinos necesitan 42 puntos de Goodrich para imponerse en tierras tejanas. El 10 de diciembre está a punto de quebrarse la racha: prórroga contra los Suns de Connie Hawkins en casa, tras una gran remontada en el cuarto final de los de Arizona. Los Lakers no volverán a sufrir realmente hasta el mismo día de su caída. En la victoria 31 las víctimas son los Celtics, que caen por quince al final del tercer cuarto, con 40 de Goodrich. La aparente prueba de fuego para seguir la racha es la visita a Milwaukee. Kareem Abdul-Jabbar repite los 39 puntos de un par de meses antes y los Bucks ganan con holgura. Es el día 7 de enero de 1972.

MIAMI, 2013

Tras haber conseguido el anillo en la temporada anterior, los Heat buscan el back-to-back de la mano del jugador que va camino de crear una nueva posición en el baloncesto: U. De “universal”, obviamente: LeBron James. Al roster campeón hay que sumarle dos especialistas de lujo: Ray Allen y “Birdman” Andersen. Como los Lakers de 1971, el equipo tiene un núcleo con tres estrellas (James, Wade y Bosh) acompañadas de unos secundarios importantes.

Y los rivales… bien, digamos que la acumulación de talento de Miami en una Liga tan dispersa en cuanto a franquicias resulta, a mi modo de ver, un tanto anacrónica.

Los grandes equipos, históricamente, conseguían a sus estrellas a través del draft (Cousy-Russell, West-Goodrich, Alcindor-Dandridge, Bird-McHale, Magic-Worthy, Jordan-Pippen, Robinson-Duncan). La imposición de la “Stepien Rule” (Ted Stepien debería tener su camiseta retirada en todas las canchas NBA por sus servicios a la Liga y al management creativo) acabó con la posibilidad de que las franquicias mejor clasificadas obtuviesen altas elecciones de draft. Las sucesivas expansiones y el límite salarial hicieron el resto, nivelando el talento que se podía llegar a reunir en una misma franquicia vía traspasos.

¿Y cómo ha llegado Miami Heat a reunir el talento actual? Gracias a una política salarial adecuada que le permitió ser competitivo en un mercado de “agentes libres” salvaje, a tener un buen mercado… Y a una decisión insólita en la historia de la NBA. Cuando LeBron James anunció su incorporación a los Miami Heat, se convirtió en el primer “alpha dog” que abandonaba su equipo para fichar por otro en el que ya había un jugador campeón. Ni el traspaso de Wilt Chamberlain en 1968 ni el de Moses Malone en 1982 pueden compararse, dado que ni West ni Erving (y sus respectivos “supporting casts”) habían tocado la gloria. Solamente la llegada de Oscar Robertson a los Bucks para acompañar a un Kareem que iba a ganar sí o sí admite el símil. Claro que la peculiar personalidad de “The Big O” podría ayudar a entender el asunto.

Y los rivales… Los Lakers tenían una especie de salvaje Oeste a las puertas: los Bucks con 63 victorias, los Bulls con 57 y los Warriors (sin Barry pero con Thurmond) con 51. En el Este, solo los Celtics con 56 victorias finales parecían poder oponer resistencia. Los Heat no encuentran rivales a esa altura en la temporada del “torn ACL”: con Rondo en 38 partidos, Granger en 15 (siendo optimistas) y Derrick Rose “out for the season”, los más cualificados rivales se han visto seriamente mermados. Por otro lado, sus partidos contra equipos como Thunder, Clippers o Grizzlies, con buen record y jugadores sanos, no dejan lugar a dudas del grandioso nivel de competitividad del conjunto de Florida. El 31 de marzo parece que será el día de la bestia: visita a San Antonio en gira por el Oeste.

CONCLUSIONES

Me he dado cuenta de que llevo tres párrafos criticando a LeBron James y sus Heat. Así que vamos a corregirlo inmediatamente. Suscribo la opinión de Iñako Díaz-Guerra: en unos años alguien lo cortará sin querer y se descubrirá que es un cyborg especialmente programado para jugar al baloncesto. No se puede explicar de otra manera el hecho de que un hombre reúna el cuerpo de Karl Malone, las habilidades anotadoras de Bernard King, los fundamentos defensivos de Scottie Pippen, la plasticidad matadora de Dominique Wilkins y los talentos para pasar de Dennis Johnson. Un tipo que aún está desarrollando su juego de poste bajo y su tiro de tres puntos, aunque su porcentaje de acierto es el 15º entre los jugadores que lanzan tantos triples como él. Como he visto a Michael Jordan no puedo decir que King James sea el mejor jugador que he visto nunca. Sí es el más completo (sí, más que Magic) y hay cosas que le he visto hacer en esta racha que no se las vi ni al mismo MJ. Es el icono de esta racha y va camino de ser un top-10 histórico antes de los 30.

¿Y el resto de los Heat? Bueno, ahí disiento de mi buen amigo Iker. Un equipo ganador con un jugador superlativo y algunos otros excelentes. ¿Un juego de leyenda? Creo que faltan varios pasos. Para empezar, la configuración del equipo, con claro predominio exterior incluso en los jugadores interiores, impide ver un juego de poste complejo, lo que resta riqueza táctica. Es un equipo que no juega demasiadas posesiones (22) y ni demasiado juego de pase (9º en asistencias). Mi sensación estética, más allá de números: es un equipo aplastante, un mastodonte. Pero no deja, por ahora, la belleza ni de lo colectivo ni de lo épico. Todavía me quedo con los Blazers de Walton, los Sixers del Dr. J, los Lakers de Magic, los Celtics de Bird, los Bulls de Jordan y hasta los Lakers de O´Neal en sus series contra Kings y Spurs de hace diez años.

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Nada más triste que un titán que llora

Hombre-Montaña encadenado a un lirio

Rubén Darío

He aquí la respuesta de Iker Sagasti: http://blogs.diariovasco.com/puertaatras/2013/03/27/calor-historico/

Y, como añadido necesariamente breve, una pregunta: ¿prefigura el juego de los Heat una nueva era en la NBA? La clave, en el texto del periodista de El Diario Vasco, en la cita del inmortal poeta nicaragüense y en el concepto de “paradigma” tal y como lo desarrolló Thomas S. Kuhn en “La estructura de las revoluciones científicas”.

El paradigma es un conjunto de prácticas y creencias que, durante un determinado lapso de tiempo, articulan el desarrollo de una disciplina. Originalmente aplicado a las Ciencias Físicas por Kuhn, el concepto ha extendido su radio de acción a los campos de las Ciencias Humanas y no encuentro demasiado problemas en aplicarlo al tema que nos compete.

El paradigma del baloncesto NBA en cuanto a prácticas solo ha cambiado sustancialmente en dos ocasiones en la historia: cuando Danny Biasone introdujo el reloj de posesión y cuando se copió de la ABA la línea de tres puntos. Tiempo y puntuación, las coordenadas esenciales.

Lo de las creencias es otro cantar. Los pequeños cambios han sido numerosos. Y al cabo del tiempo, solo una creencia se ha mantenido incólume: el juego lo dominan los grandes center. En la serie citada por Iker Sagasti. Solo Jordan escapó a este fenómeno…

… Y ahora James. Yo me pregunto: ¿son los Heat no solo un equipo victorioso, no solo un equipo espectacular, no solo una “deliciosa apisonadora”, sino el más eximio ejemplo del juego que nos espera tras la extinción de los “Hombre-Montaña”? Tras la primera retirada de His Airness, el campo quedó libre para Olajuwon, Ewing, Robinson y O´Neal. Tras la segunda, fue el momento de Duncan y Shaq, de nuevo.

¿Y ahora? Si James impactase al mundo con su marcha, el cetro pasaría a manos de Durant, indiscutiblemente. Con Dwight Howard como único interior de referencia con calidad contrastada de finalista, los demás aspirantes pasean sus esculturales cuerpos por los reinos del Aire o lejos de los dominios de la pintura. Destrozados Oden y Bynum por su fragilidad física, el salto entre los Sanders, Monroe o Drummond y los pívots del pasado parece abismal.

Tendremos que mirar con nuevos ojos. Porque, utilizando el símil bíblico, los Heat (me disculparán el incorrecto uso del determinante plural) parecen estar vertiendo vino nuevo en odres viejos. Y, para aquellos que solo conozcan el vino en botella, les diré que eso hace que el odre se rompa.

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