Paraliteratura de Grey

Como llevo una vida muy estresada (lo mismo que otros cuantos miles de profesores, críticos y filólogos en este país) de vez en cuando me gusta afilar la tecla y sacarme un poco de bilis literaria de encima. Se trata de coger algún artefacto (me niego a llamar libro a ciertas cosas), leerlo con la misma atención con la que uno lee “Los viajes de Gulliver” y, una vez que uno ha acumulado suficiente mala leche, sentarse delante del ordenador mientras se riega el escritorio con el colmillo.
Queridos lectores, he estado diez años estudiando Filología, con sus Másteres, cursos, DEA, etc. Por el camino he tenido la suerte de tropezarme con algún libro que me llevaría a una isla desierta, caso de la “Teoria da Literatura” del profesor portugués Aguiar e Silva. Todo lo estudiado, muy posiblemente, no me faculte para saber qué obras son verdaderamente geniales (ni a mí ni a nadie). Pero lo que sí he conseguido aprender, sobre todo en la obra citada, es cómo distinguir aquellas que son absolutamente lamentables. Es el caso de la cacareada “Cincuenta sombras de Grey”, que inunda librerías y mentes calenturientas.
Los filólogos tendemos a ser educados en el ejercicio de nuestras funciones, así que hemos desterrado los prefijos “infra” y “sub” para hablar de libros como este. La etiqueta “paraliteratura” parece remitir a aquello que está al margen, sin que por ello sea necesariamente malo. Por ejemplo, a Agatha Christie, a Julio Verne o a Reverte (por muy académico que sea). Desengáñense: si se deciden a leer la obra de E.L. James no encontrarán nada de interés. ¿En qué estaba pensando la famosa revista “Time” al nombrarla una de las cien personas más influyentes? Probablemente lo mismo que cuando decidieron que Michelle Bachmann (política americana que declaró que los huracanes tenían que ver con el matrimonio gay) tenía que estar veinticinco puestos por encima de David Cameron.
¿En qué mejora E.L. James a Corín Tellado? En nada. La “Serie Jazmín” era bastante más honrada que esto, al menos por barata. En lo literario, la obra es bazofia. La novela rosa, como género, suele caer en el ripio (técnicamente, en la incapacidad para adaptarse a nuevos códigos lingüísticos, estilísticos y genéricos); James va mucho más lejos y fracasa de manera estrepitosa. Podría meterme con una estructura de narración que es más simple que un palillo: chica torpe y culta conoce a chico guapo y riquísimo con oscuro pasado y descubre el mundo gracias a ella. Claro, que con esa estructura simple y un par de añadidos se vertebran “Romeo y Julieta”, “María” o “Tess, la de los D´Urbervilles”. Casi nada.
Así que es mejor centrarse en el intento de conseguir un monólogo interior que no apeste a frustración. Escribir en tercera persona con un narrador omnisciente, algo tenido por fácil, es extremadamente complicado. Reflejar lo que piensa un personaje (ya no hablemos de un autor implícito) es todavía más difícil. Y si no se hace bien lo que sucede es que la presunta intelectual Anastasia Steele parece tan incapaz de expresarse como Benjy, de “El ruido y la furia” (lectura recomendada). Su diosa, su labio y su ceño aparecen cada dos páginas y son más aburridos que ver llover. Introducir e-mails en la narración podía resultarle a Snowqueen´s Icedragon, pero aquí es una chapuza. Y, si la van a comprar por el morbo, que sepan que, con abrir un par de páginas de Internet, se enterarán mejor de lo que es el sado que con un libro que pide Viagra literaria a gritos.

2 Comentarios en “Paraliteratura de Grey”

  1. @javessur Comentó:

    divulgado en twitter, por muy petinente y hasta bueno.

  2. admin Comentó:

    Muchas gracias.

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