De re politica

Estaba yo hace unos meses en Barcelona y la ola de frío inédita hizo que tuviese que recogerme en el hotel más de lo habitual. Si no poder disfrutar a gusto de la ciudad era algo malo, fue peor poner la televisión y encontrarme el discurso de Carme Chacón en el Congreso en el que se elegía al sucesor de Zapatero. Imaginé a Miguel Barroso a la busca de una cuerda y una viga que estuviesen a mano.
No sé qué estaría pensando en ese momento Luis Arroyo, Jefe de Gabinete de la ministra, y que ahora publica “El poder político en escena” en la editorial RBA. Tampoco sé si estaba implicado en la asesoría de la entonces candidata. Lo que tengo claro es que la aplicación de muchos detalles contenidos en esta obra hubiese servido a Chacón, como a otros muchos, para reforzar sus aspiraciones.
“El poder político en escena” es una obra miscelánea acerca del fenómeno político. Lo recorre desde sus raíces genéticas (si existen) y antropológicas hasta lo litúrgico. Bucea en los aspectos más recónditos de la comunicación y la estrategia y ofrece un interesante muestrario de ejemplos históricos que animan, como debe hacer todo buen libro, a consultas ulteriores.
¿Llevamos unos cuantos párrafos hablando de política y no ha salido la cruz de la moneda, o sea, el partidismo? Pues no. A pesar de la vinculación del autor con el anterior gobierno, la obra no cae en el sectarismo. Es algo digno de apreciar si tenemos en cuenta que, en buena medida, los argumentos sobre comunicación están tomados del lingüista y politólogo George Lakoff, autor del best-seller “No pienses en un elefante” y defensor de la superioridad moral de la izquierda con respecto a la derecha neoconservadora.
Para explicar la política y su funcionamiento, como ya hemos dicho anteriormente, Luis Arroyo necesita recurrir a distintas disciplinas, entrar en el terreno del humanismo. En algunas ocasiones bordea arenas movedizas ( las de la teoría de los memes de Richard Dawkins), en otras se vale de los argumentos de Daniel Kahneman (aquí le vamos a perdonar el olvido de Herbert Simon, que podría reforzar sus argumentos). Menos compresivos nos mostraremos con sus análisis del comportamiento del individuo y de la masa, asociados a los experimentos de Stanley Milgram, investigador que ha recibido mucho crédito, pero cuyos resultados fueron cuestionados hace tiempo por sociólogos como Neil Postman.
En cuanto a los ejemplos utilizados, se echa en falta una mayor presencia de la política norteamericana. A pesar de que la obra se enfoque al mercado español, la democracia de nuestro país no goza de la instauración ni la trayectoria necesarias para ilustrar un libro tan denso. De hecho, el germen de libros como este son análisis que mezclan lo coyuntural de unas elecciones concretas con un estado de la cuestión en una determinada sociedad. Como consejo público al autor, su obra sería más completa si recomendase una serie de estudios donde se pudiesen observar “a ras de suelo” sus teorías sobre la política (estoy pensando en Theodore White o en Arthur Schlesinger).
Vivimos momentos convulsos, en los que la “res publica” o “política” es puesta continuamente en solfa. En realidad, el hombre es un ser político y es muy dudoso que los “buenos salvajes” fuesen en realidad tan buenos. El pueblo necesita la política de verdad. Y puede encontrarla descrita en un libro tan interesante como este.

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