Mayorías y minorías

Richard Milhous Nixon no es precisamente el presidente de los Estados Unidos más popular de la historia. De hecho, es probable que sea, en realidad, y siguiendo criterios estrictamente democráticos que vayan más allá de la mera gestión, el peor de todos. Hasta el momento ha sido el único que ha tenido que renunciar al cargo. Y sin embargo, era un hombre al que no le faltaban cualidades. Entre ellas, la de la oratoria (aunque conviene no olvidar el fundamental papel de los escritores de discursos). Nixon dejó tres piezas para la historia: el discurso de Checkers, la intervención en la que declaró no ser “un chorizo” y su discurso de la “mayoría silenciosa”, de importancia sociológica vital.
La “mayoría silenciosa” es la cara de una moneda cuya cruz es lo que podríamos llamar una “minoría estruendosa”. Cómo se han interrelacionado en estos meses ambas en España es un tema que daría para varias tesis doctorales. Se publica ahora en DeBolsillo una obra colectiva, “CT o la Cultura de la Transición”, que representa a la perfección a la minoría antes citada.
Está claro que las nuevas tecnologías influyen poderosamente en las relaciones interpersonales y en la forma en que se produce y se consume la cultura. Esta columna se transformará en blog. Yo no tengo Twitter (de hecho, lo odio), pero en este momento no hay una forma mejor de mantenerse al día de la actualidad sea uno articulista o payaso de circo.
Pero… ¿todo el mundo gira alrededor de Internet, blogs, twitter, whatsapp y demás formas de comunicación cibernética? ¿El mundo se mueve al ritmo del 15-M? ¿Estamos ante una segunda toma de la Bastilla? ¿Alguien se ha subido a un barco disfrazado de indio a arrojar té por la borda? ¿Está por ahí Kwame Nkrumah?
“CT o la Cultura de la Transición” es una obra que impugna todo lo impugnable de una época que está idealizada en las mentes de muchos españoles y, sobre todo, en el discurso público de la democracia española. “Transición” y “Constitución” parecen responder al lema “Noli me tangere”. Hasta ahí, todos (o muchos) de acuerdo: se necesita desmitificar un proceso que tuvo sus evidentes errores y que ha producido una democracia disfuncional.
Pero si para impugnar la Transición partimos de que el 15-M ha sido la Revolución… por ahí algunos ya no comulgamos. Los autores de esta obra parecen haber desarrollado una variedad del síndrome de los “hikikomori”, los adolescentes japoneses sumidos en la asocialidad a causa de las nuevas tecnologías. Y han confundido el ruido con la razón. Ellos son la minoría estruendosa para muchos jóvenes.
Pero la realidad es cruda. Muy cruda. Los dos partidos mayoritarios suman 296 escaños. La alternativa dentro del espectro político que más se puede asociar al 15-M, once. El voto en blanco o nulo es un garbanzo en un océano azul y rojo. Con la que está cayendo, ninguna encuesta da a los mayoritarios muchos menos escaños. A la gente le gustan Almodóvar y Muñoz Molina. “j.l.i.” no aparece ni en Google. Galicia está llena de personas mayores de 40 años que no tienen Twitter ni saben qué es eso. El capitalismo no se va a hundir mañana. Y un grupo de blogueros y nuevos intelectuales que tienen mucho que decir no puede aspirar a cambiarlo todo con argumentos débiles y un estilo literario dudoso.

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