El científico desconocido

Dedicarse a la crítica literaria deja poco tiempo para atender a otras formas de comunicación. No soy de aquellos que abominan por completo de la televisión sino que elijo cuidadosamente lo que voy a ver, al margen de los informativos o los partidos de fútbol del Barcelona. Imprescindibles, “Los Simpsons” y poco más… ya que desde hace tiempo se hace complicado cazar capítulos de “Padre de Familia”. Se trata de una serie de humor absurdo, en ocasiones burdo, en otras brillante, punzante e irreverente como pocas. Está bien que no se emita a las tres de la tarde pero creo que el canal de TV que tiene los derechos en España no acaba de aprovechar el producto.

Uno de esos momentos punzantes me da ocasión para presentarles al protagonista de esta semana. Peter Griffin trata de consolar a su cuñada Carol por la marcha del alcalde West. “No eres la primera persona que sufre una gran decepción”. Y saltamos a un tribunal de principio de siglo, en el que se enfrentan Thomas Edison y Nikola Tesla con sus modelos de bombilla. El juez de las patentes informa a Edison de que su invento servirá para dar luz a todo el mundo mientras el de Tesla se usará en las películas de Frankenstein. Y Edison protesta.

Nikola Tesla se merece algo más que el escarnio de Seth MacFarlane. De hecho, su figura tiene tanto interés que Jean Echenoz decidió escribir una novela centrada en él, que ficcionalizase los acontecimientos principales de su vida. Yo descubrí a Echenoz gracias a la afición de mi mujer por correr (afición compartida por miles de lucenses). Quería regalarle un libro sobre el tema y me encontré a un escritor francés que había saqueado los L´Equipe de finales de los 40 y principios de los 50 para hacer ciento y pocas páginas sobre “La locomotora humana”, el gran Emil Zatopek, único hombre capaz de ganar en unos Juegos Olímpicos los 5.000, los 10.000 y la maratón. Ni Paavo Nurmi ni Kenenisa Bekele. De hecho, solo el finlandés Lasse Viren se quedó cerca de la hazaña.

Zatopek daba para un libro y Tesla para dos o tres. Echenoz lo ha tenido más fácil que en aquella ocasión y ha manejado con liberalidad la magnífica biografía de Margaret Cheney, un ensayo que, con todo, no agota las posibilidades de estudio sobre el genio croata.

Quizás hayan observado que me resisto a utilizar la palabra “novelista” para describir a Echenoz. Estamos ante un documentalista bueno y un tipo con cierto ingenio para rellenar los “tiempos muertos” que se producen en toda narración de corte biográfico. Eso sí, imaginación la justa. Capacidad para ficcionalizar el acontecimiento sin recurrir al documento, inexistente. Y habilidad lingüística, limitada. Y sin embargo, sus productos entretienen sin insultar la inteligencia del lector más exigente. Además, sus relatos tienen una vivacidad más característica del escrito en prensa que de la institución del libro, lo que es muy adecuado para la buena salida del producto en la época del leer y tirar.

He dejado para el final mis reflexiones sobre el personaje central de la novela, al que encontrarán bajo el nombre de Gregor (algo que reprochar a Echenoz, que no disimuló en ningún momento a Emil Zatopek). Los que han investigado sobre su vida nos dicen que era un hombre para el que la ciencia tenía algo de imperativo ético kantiano. El deber por el deber, sin esperar recompensa a cambio. Por desgracia, Tesla no vivía en la época adecuada para despuntar si se carecía, como era su caso, de las más elementales habilidades sociales. Eso impidió que reclamase la paternidad de la electricidad y la radio que la historia le debe. Es evidente para todo aquel que se ha acercado a la Electricidad desde la óptica de la Física que la corriente alterna supuso una mejora con respecto a la corriente continua generada por Edison. Y al hablar de la radio ni siquiera hay que valorar la historia: los jueces decidieron ya hace muchos años que la patente de Tesla tenía prioridad sobre la de Marconi. Pero los libros de texto que usarán mis sobrinas hablarán del italiano. Institucionalización del poder, le llaman. Defectos de ser croata y asocial en vez de americano y cercano a la multitud.

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