La bestia rubia

A decir verdad, el hecho de que la Segunda Guerra Mundial pasase prácticamente de refilón por España (el episodio de Hendaya en algunas historias no merece más que un par de líneas y en algunas otras ni eso) ha tenido pésimas consecuencias en la literatura historiográfica sobre el evento publicada en nuestro país. “A world at arms”, de Weinberg, la mejor historia sobre el particular, está agotada desde hace años; “La destrucción de los judíos europeos” de Hillberg tiene un precio más que prohibitivo, lo mismo que el tríptico sobre el Tercer Reich de Richard J. Evans. Nadie ha traducido los seis volúmenes de Churchill, pero de estos al menos hay una compilación que resulta de gran interés.

Cuestión distinta son las novelas con esa temática. Esas han tenido mayor o menor fortuna, pero al menos se han publicado en condiciones. Las distopías han tenido cierto éxito y recuerdo bien el impacto que generó en mí la primera lectura de “Patria” de Harris. Menos éxito pero mayor calidad presenta “El hombre en el castillo” de Philip Dick. Desapercibida ha pasado en los últimos años “Europa central” de William Vollman. De restallante éxito pero (pienso) pocos lectores resultó “Las benévolas” de Jonathan Little.

Ahora, cuando frisamos ya el 2012, llega a España “HHhH”, uno de los grandes éxitos editoriales franceses de hace dos años, una novela pretenciosa de un escritor novel llamado Laurent Binet, que trata sobre el asesinato de “La bestia rubia”, Reinhard Heydrich, mano derecha de Heinrich Himmler, jefe a su vez de las SS y acólito principal de Hitler. He observado que los éxitos franceses de un tiempo a esta parte parecen cumplir la ley informática de Godwin: “A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno”. Pasó con Little y pasa ahora con Binet.

Llegado hasta aquí, curioso lector, detente en esta línea y piensa que si sigues te voy a destripar buena parte de lo que sucede en la novela. No suelo hacerlo pero para hablar mal de algo se necesitan argumentos que solo la lectura ofrece. Binet no ha sido muy original a la hora de escoger su tema. Su libro parece una película española sobre la Guerra Civil (descarten “Pa negre”): los buenos son muy buenos, los malos son horribles, sobrenombres hirientes incluidos. Heydrich parece predestinado a ser un jerarca nazí y así acaba. Sus asesinos son un par de héroes, a pesar de que el magnicidio sea una chapuza que sale bien de puro milagro. La alargada escena sobre el cerco a la iglesia en la que se refugian tampoco es que sea un prodigio del ritmo narrativo. Y además ya sabemos que a semejantes héroes no les queda otra salida que no sea el suicidio.

Binet se ha documentado bien. Muy bien. El problema es que lo que ha hecho no es una novela porque, en contra de las afirmaciones de que dentro de esta etiqueta cabe todo, no tiene más que algunos retazos de ficcionalidad. Bastantes menos, voto a tal, que las novelas históricas de Walter Scott o las más cercanas (y dignas de toda crítica) de Pérez-Reverte. Aún por encima el lector tiene que soportar dos cosas insoportables: digresiones que van contra la unidad temática de la obra y en cuyo engarce el autor muestra una lamentable falta de mano izquierda (soy muy aficionado al fútbol, pero antes que la historia de la masacre del Dinamo de Kiev a este libro le pegaba un excurso sobre Matias Sindelar) y profundidades idiotas hechas por un lector (malo) de novelas (malas) sobre como escribir novelas (peores). En el capítulo 1 se pregunta: “¿hay algo más vulgar que un personaje inventado?”. Imagínenme con la mano levantada, como en la clase de Doña Gloria en Becerreá. Sí, hay algo más vulgar. Un juntaletras que se lee cincuenta libros sobre un tema pero ningún libro sobre teoría de la novela e intenta hacer algo parecido al “Quijote” o el “Tristram Shandy”. Lo que sale es un best-seller. Y de los malos.

Un comentario en “La bestia rubia”

  1. Sofia Comentó:

    Coincído con usted sobre la crítica del libro. Ahora bién, los franceses no son tan cainitas como nosotros, todos saben que la mayoría confraternizó y colaboró con los nazis durante la ocupación, sin embargo de tanto repetirlo, han llegado a creer que todos eran de la Resistencia. De esa forma hacen su Grandeur, en vez de andar a la greña como nosotros.Claro que es imposible pedir cierto chovinismo, sobre todo en plena campaña electoral.

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